Las máscaras no se distinguen
a mi vista.
Yo veo detrás,
adentro,
alrededor,
aparte
de la tapa
que te pones
encima de tu esencia.
Las apariencias engañan
pero yo no sé de ese juego.
Sólo sé de la verdad,
que se me expone
desde el interior
de ti
y de cada ser.
Y en tu ser
hay una luz que brilla,
una bondad sencilla,
que no me ha dejado
desde el momento en que lo vi.
Y si tu quieres ocultar
tu pura belleza
de mi…
pues, mala suerte.
Que ya conozco
la divinidad
en ti.